Centro Social Luis Buñuel: personas comprometidas con el bien común, la participación y la solidaridad

Un centro formado por asociaciones y personas a título particular que se afanan por orientar su vida hacia el bien común; un centro autogestionado donde todas las decisiones se toman por consenso; un centro que late al ritmo del vecindario donde se asienta y cuyos enseres provienen de donaciones; un centro donde el tiempo importa para ponerse de acuerdo, para ayudarse, para participar; un centro que con esos parámetros funciona bien y genera felicidad. ¿Una utopía? No, es el Centro Social Comunitario Luis Buñuel. Está aquí, en el Casco Histórico, y quienes lo integran aseguran con orgullo que las cosas se pueden hacer de otra forma.

En la calle Predicadores, frente a la plaza Santo Domingo, el vetusto edificio que en su día acogió un instituto, el Ayuntamiento de Zaragoza, un convento y algunas otras entidades, es hoy un hervidero de actividad impulsada por el espíritu rebelde, democrático y solidario que se generó en el movimiento del 15-M de 2011.

Imbuidos de la energía rebelde y transformadora de las/os indignadas/os, una decena de entusiastas provenientes de las asambleas de El Gancho y La Almozara del 15-M  se embarcaron en 2013 en la recuperación del edificio, que llevaba vacío desde 2005, para convertirlo en centro social. Al principio, rodeados de suciedad, pasando frío y celebrando asambleas con mantas y a la luz de las velas, pero siempre manteniendo incólume su propósito creador.

Han sido cuatro años de duro trabajo, pero hoy el CSC Luis Buñuel exhibe una imagen saneada y alegre, sobre todo, alegre. Las caras de las personas que bullen por allí a diario suelen lucir amplias sonrisas, con arrugas, con dientes de leche o con hormonas en ebullición. Son voluntarias/os, monitoras/es, participantes en cursos, personas que vienen a estar por ahí… Mujeres y hombres de todas las edades “tejiendo redes entre nosotras”.

 

Taller de gimnasia para personas mayores

Decálogo de admisión

Esa es la clave del centro: haber consolidado un espacio solidario donde la colaboración preside todas las iniciativas. Puede apuntarse quien quiera, sin pagar cuotas ni nada parecido, para desarrollar proyectos incluso con objetivos lucrativos, siempre dentro del concepto de economía social. Aunque se controla con rigor el respeto a los demás y la educación.

Además de que no entra nadie que no asuma que eso es un espacio de encuentro para fomentar la interculturalidad y el mestizaje, para generar y potenciar redes comunitarias, para integrar el vecindario en la vida política, para avanzar hacia la democracia participativa, para promocionar la cultura popular, para avanzar en nuevas formas de colaboración entre las instituciones y la sociedad, para apoyar y potenciar la cultura libre, para promover la horizontalidad en las relaciones.

Ese es un resumen de la carta de objetivos que toda persona o entidad debe asumir a la hora de integrarse en el centro. A continuación, su candidatura la examina la comisión de acogida y finalmente debe obtener el visto bueno de la asamblea, un órgano que se reúne todos los miércoles de 19 a 21 horas y al que suelen acudir entre 20 y 30 socias/os del centro.

“Todas las decisiones se toman en asamblea, por consenso”, explica Elsa Navarra, una joven impulsora de la entidad. ¿Pero debe ser complicado y lento?, inquiere el periodista. “Sí, es complejo, pero es en lo que creemos, en las dinámicas horizontales, sin imposiciones. Se puede funcionar así y se consigue. Aunque discutimos mucho”.

Por eso le dan tanta importancia a lo que ellas/os denominan como “cuidados”, un espacio, una actividad dirigida a la atención de las personas y de las relaciones en grupo, para reflexionar sobre los conflictos, para asegurar “las relaciones de buen trato”. Verdaderamente, las cosas se pueden hacer de otra forma.

Y funcionan. Bastante bien, por cierto, Si no, no se explica que en el centro existan hasta ¡18 espacios y actividades diferentes!, que van desde la asesoría social, pasando por el ‘brikopunk’, la gimnasia para gente mayor, el ‘laboratorio de clown’ o los ‘ritmos de resistencia’ hasta el teatro comunitario, entre otros. Increíble. Y además, una tienda gratis, con objetos donados por la gente, y una biblioteca, y una sala de informática donde un monstruo de los bits ha resucitado media docena de ordenadores que llegaron en coma, y una sala de silencio y reflexión…

Feria de Mercado Social en el patio del centro

“Esto es como una cebolla”

Un lugar de convivencia ideal, pese a que las dotaciones del inmueble siguen siendo escasas. El Ayuntamiento, propietario del edificio que mantiene un acuerdo de cesión con el centro constituido en asociación, corre con los gastos de suministros (agua, luz, calefacción etc.), pero no aporta nada más, ni promoción ni infraestructura personal o material alguna. La limpieza, mantenimiento, organización… corre por cuenta de las/os voluntarias/os que colaboran con la entidad.

Esa es una de las categorías de personas que frecuentan el centro y que mantienen muy diversos grados de implicación con el mismo. Elsa lo explica de manera gráfica: “Esto es como una cebolla. En el centro hay un núcleo de personas implicadas en su funcionamiento, que vienen casi todos los días y garantizan su autogestión. A partir de ahí van surgiendo capas: de colaboradoras, de desarrolladoras de actividades, de usuarias, de quienes vienen a estar en el centro, de quienes se dan un paseo y entran un rato…”

Pese a todo, reconocen que “somos un poco invisibles”, algo que atribuyen a la especial forma de sus relaciones, a que no ambicionan cuotas de poder sino democracia participativa, “a que todo lo femenino es un poco invisible, no es llamativo”, sostiene Elsa, “sí, pero cada vez llega a más gente”, corrobora uno de sus compañeros, dando orgulloso asentimiento del colectivo varón a la preponderancia de un espíritu feminista en el centro que seguramente es la clave de su especial espíritu.

Ahora consideran que el centro está consolidado y piensan en proyectarse más al exterior. Junto a ello, en el futuro inmediato, el centro aspira a alcanzar un acuerdo más sólido y duradero con la Administración local. “Pero hablando de igual a igual. Sin una relación vertical en la que se mira a la institución desde abajo. El Ayuntamiento debe asumir que hay que apoyar este tipo de procesos que generan bien común y convivencia, no sólo entre quienes formamos parte de ellos, sino entre la vecindad”.

Sala de informática

Espíritu colaborativo

La charla con la docena de representantes del centro se anima y se van sucediendo las intervenciones para incidir en que la aportación al proyecto comunitario es algo fundamental, “que a veces le cuesta entender a la gente. Es el principal problema”. Claro que, si todo el mundo tuviera asumido el sentido colaborativo “no harían falta centros de este tipo, en donde pretendemos generar una conciencia participativa, de ganas de intervenir y decidir en tu barrio, de implicarse en la transformación social”.

Son conscientes de que no todo el mundo en el Casco Viejo o en el Ayuntamiento comparte esa visión. A las vecinas y vecinos que reclaman el espacio del Luis Buñuel como centro cívico para el barrio, “les hemos invitado a visitar el centro, pero no quieren”. En cualquier caso, “son minoría”, y subrayan que el espacio nació de la colaboración vecinal con las entidades del Gancho y con la Asociación de Vecinos Lanuza-Casco Viejo, con la que mantiene estrecha relación.

Se sienten  “totalmente respaldadas” por vecinas y vecinos del barrio, porque pese a la orientación ideológica del centro, “aquí cabe todo el mundo, independientemente de su forma de pensar”. Aseguran a ese respecto que entre fundadoras/es, voluntarias/os, participantes… hay militantes en partidos y/o asociaciones de todo tipo, y también personas que no forman parte de ningún colectivo.

De hecho, el centro da cobijo a muy diversas actividades, sin discriminación por su naturaleza, siempre que se orienten hacia el bien común. Así, el centro lo usan la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, la Asociación de Trabajadoras del Hogar y Cuidados, Greenpeace Aragón, Zaragoza Acoge – Bienvenidos Refugiados, Feeding Zaragoza, Nociones Comunes o el Colectivo de Artistas en Acción Solidaria, entre otras entidades.

El centro está lleno de vida y de iniciativas, por eso sus impulsores y cuidadores son optimistas sobre su futuro. Aunque son conscientes de que un cambio de color político en el Ayuntamiento podría dificultarles las cosas. Pero se lo toman con humor: “Estuvo visitándonos el portavoz del PP, Jorge Azcón. Andaba y miraba temeroso, como si pensara que le íbamos a atacar o algo así. Pero se fue satisfecho y reconoció la labor que desarrollamos”. Aunque no se fían demasiado…

 

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