El Ayuntamiento proyecta ‘radares’ sociales de control de personas solas para evitar su invisibilidad

Establecimiento en áreas urbanas de redes ‘rádar’ de detección y control de personas solas; programas específicos de atención a personas que viven solas; incorporación al programa europeo de investigación e implantación de medidas para afrontar el envejecimiento urbano; o puesta en marcha de apartamentos tutelados. Son algunas de las medidas que prevé poner en marcha del departamento municipal de Derechos Sociales para afrontar el dilema que plantean las zaragozanas y zaragozanos, muchas de ellas personas mayores, que viven en soledad no deseada, sin apenas apoyo familiar o social, y cuyo efecto más dramático es su fallecimiento desconocido por días, semanas o incluso meses por parte de vecinos o familiares, si los hay.

En los últimos meses se han producido en la ciudad varias muertes de personas mayores que vivían solas y cuya desaparición no se ha constatado hasta fechas posteriores a su deceso (dos en lo que va de año). Por desgracia, no se trata de un hecho casual, sino que se repite cada vez con mayor frecuencia.

Las personas cuya muerte pasó desapercibida formaban parte de un amplio colectivo de mujeres y hombres que viven en soledad, muchos por motivos no deseados, en la ciudad de Zaragoza, donde casi el 31% de los hogares son unipersonales, según datos del observatorio de Ebrópolis correspondientes a 2016.

De estos hogares, el 38% son de personas de 65 o más años de edad (lo que representa el 11,7% del total) y casi el 10% son de personas de 85 años o más (3% del total).

Los barrios de Delicias, Centro y San José son los que mayor número de hogares unipersonales registran y donde se concentran el mayor número de personas de 85 años o más que viven solas.

Soledad no deseada

Vivir en soledad es un hecho cada vez más habitual en los núcleos urbanos y Zaragoza no es una excepción. El concepto de vida solitaria se ha venido equiparando al de independencia y autosuficiencia como valores que han calado en la conciencia colectiva y la opción de la vida en soledad se presenta como algo positivo, generador de un mayor nivel de realización personal.

El problema surge cuando esa soledad no es elegida, sino impuesta por circunstancias vitales, familiares y sociales. Suele afectar en gran medida a personas mayores y el conflicto se agudiza cuando el ser afectado carece de una mínima red humana de apoyo que le atienda o que simplemente sepa de su existencia.

La mayoría suelen ser mujeres viudas, aunque ellas se desenvuelven mejor que los hombres en el cuidado y la higiene: compra-alimentación-cocina, limpieza, lavado de ropa y del propio cuerpo, organización doméstica… Los varones solos suelen sufrir más problemas por su menor capacidad de autonomía. De hecho, son ellos los que en mayor medida optan por acudir a residencias.

La mayor parte de las personas que viven solas sin desearlo son mayores

Situación desconocida

“Las dificultades surgen con aquellas personas, casi todas ellas mayores, que no sabemos que están viviendo solas”, apuntan desde la consejería municipal de Derechos Sociales.

Junto a esa situación de invisibilidad oficial, que suele ir acompañada de una invisibilidad familiar y social, la soledad se convierte en desarraigo y olvido total por parte de un colectivo humano al que se pertenece, en este caso la ciudad de Zaragoza y su correspondiente barrio, pero del que no se forma parte ni siquiera a nivel existencial.

La situación es todavía más dramática si se tiene en cuenta que casi todas estas personas mayores necesitan cuidados ajenos, tanto físicos como anímicos, de los que carecen.

Al no tenerse conocimiento de su situación, desde la Administración local no se les ofrece instrumentos de asistencia como la ayuda a domicilio (SAD) o la teleasistencia y se desconocen sus hábitos, cómo y por dónde se mueven, si realmente se mueven o están anclados en un domicilio deteriorado y sin ascensor lo que les complica mucho salir a la calle, o si mantienen un mínimo de relaciones con otros humanos.

Los citados servicios detectan y atienden importantes colectivos de personas solas, pero no llegan a todas ellas. Actualmente, la teleasistencia se presta a 8.997 titulares que viven solos. Por otro lado, el servicio de asistencia a domicilio alcanza a 7.326 personas, las cuales no todas viven solas .

Muchas de las llamadas de usuarias y usuarios a estos servicios tienen como único fin mantener una charla para sentirse menos solas/os, cuando en realidad se tratan de servicios de emergencia, lo que da cuenta de la dimensión del problema de las personas en soledad no deseada al que quieren hacer frente los responsables municipales de Derechos Sociales, aunque reconocen que “la realidad nos supera”.

Medidas drásticas

Por eso están barajando aplicar medidas tan drásticas como la que proyecta el Ayuntamiento de Barcelona, y que se sigue con lupa desde el Consistorio zaragozano, de otorgar teleasistencia universal y gratuita, aunque no la soliciten, a todas las personas jubiladas con recursos escasos y débiles redes de apoyo, lo que permitiría un mayor control de esas personas y más posibilidades de asistirlas con celeridad.

Pero en lo que va a incidir de inmediato el Ayuntamiento de Zaragoza es en la ampliación y refuerzo de las redes comunitarias de relación, apoyo y asistencia, donde han de confluir servicios, instituciones y vecinos.

En esa línea se inscribiría la creación de ‘radares’ de detección de personas solas, formados por una serie de entidades y personas a título individual que se preocuparían de conocer la evolución de las personas solas para mantener informados a los servicios de asistencia.

En esos radares intervendrían, por ejemplo, “los vecinos, la farmacia donde suelen acudir a recoger sus medicamentos, los comercios donde van a comprar, los bares que frecuentan, que podrían actuar como ‘vigilantes’ que alerten en caso de una ausencia prolongada y no justificada, ante cambios de hábitos poco explicables o simplemente en cuanto detecten cualquier desmejoría en salud física o mental”, señalan desde Derechos Sociales.

Estas medidas forman parte de la pretensión del actual equipo gubernamental de reforzar el papel de los barrios consolidados, redensificando su población, incentivando el comercio de proximidad, reforzando los servicios y fomentando las relaciones sociales, de manera que el tejido social y relacional se consolide dentro de una ciudad más amigable.

Participantes en la experiencia “Nos gusta hablar” del centro de mayores de Santa Isabel, para promover la conversación y las relaciones. Foto: zaragoza.es

Servicios específicos

Esas medidas se acompañarán de un refuerzo de los servicios específicos de ayuda a los mayores, muchos ellos provenientes de los propios centros de convivencia, “que deben mirar también hacia afuera, ampliando sus actividades culturales y de ocio, facilitando el servicio de comedor que existe en algunos de ellos o compatibilizándolos con el de comida a domicilio”, indican dese Derechos Sociales.

Dentro de ese ámbito, se va a extender la experiencia del foro de conversación  instaurado en el centro de mayores de Santa Isabel bajo el lema “Nos gusta hablar”, que está teniendo muy buena acogida.

Además, se van a desarrollar programas específicos en barrios, como el que en su día se realizó en La Madalena, en los que se forman grupos de trabajo por parte de profesionales especialistas junto con vecinos voluntarios, que se encargan de detectar a personas que viven solas para a continuación prestarles atenciones, ayuda o simple compañía.

Por otro lado, Zaragoza forma parte de un grupo de ciudades que ha solicitado incorporarse al proyecto de la Unión Europea sobre investigación e implantación de medidas para afrontar el envejecimiento urbano.

También se tiene previsto extender el modelo de vivienda mediante apartamentos tutelados, que está teniendo muy buena acogida, aunque por ahora solo funciona en un bloque de la calle San Blas, en el Casco Histórico, y que en poco tiempo se pondrá en marcha en las viviendas sociales que ya se construyen en el barrio de Las Fuentes.

Se trata de bloques de pisos normalmente unipersonales, que cuentan con servicios comunes y red profesional propia de asistencia. “De esta forma se preserva la intimidad y la independencia de las personas que viven solas, pero se les presta una red de relaciones y de atención que hacen más confortable y segura su vida”, señalan desde el Ayuntamiento.

En cualquier caso, los responsables de Derechos Sociales subrayan que el tema de las personas solas en un asunto prioritario dentro de su departamento y que se afronta como una cuestión incardinada en un modelo social y urbano que se pretende transformar para mejorarlo.

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